‘Arte para Tocar’, programa de accesibilidad visual, una colaboración entre el Museo de Bellas Artes de Bilbao y la Fundación Iberdrola España
- El programa de accesibilidad visual Arte para Tocar amplía su repertorio con una obra del pintor Luis Meléndez (Nápoles, 1716-Madrid, 1780), referente indiscutible del género de la naturaleza muerta, en el que destaca por su magistral representación de las cualidades táctiles de los objetos.
En 2012 Iberdrola y el museo pusieron en marcha esta iniciativa dirigida a personas con discapacidad visual, que integra la experiencia táctil en la práctica museográfica mediante la reproducción en relieve de obras de arte. Desde entonces, y a lo largo de sus
10 ediciones precedentes, han participado 16.395 personas y
82 centros de Educación Primaria y Secundaria de Bizkaia, Gipuzkoa y Álava.
A partir de este programa pionero del museo de Bilbao, otras instituciones culturales de primer nivel como el Museo del Prado o el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, así como el Museo Pushkin de Moscú, han incorporado esta iniciativa en sus actividades educativas.
Arte para Tocar se basa en una tecnología desarrollada por la empresa vizcaína Estudios Durero que permite dotar de relieve a imágenes digitales de obras de arte. El proceso parte de una fotografía en alta resolución de la que se seleccionan las partes más significativas de la composición para guiar las manos de la persona con discapacidad visual. Tras la definición de volúmenes y texturas, estos se imprimen con una tinta especial y un procedimiento químico da volumen a elementos originalmente planos. Sobre esta superficie se imprime la imagen a escala y en un tamaño apropiado para su exploración táctil.
Junto con el objetivo principal de accesibilidad, Arte para Tocar ofrece una experiencia de sensibilización sobre el potencial del sentido del tacto dirigida a todo el alumnado por personal de mediación, que cuenta con materiales de apoyo -textos en braille y antifaces-.
Además, cada uno de los paneles incluye una audioguía en euskera, castellano e inglés, con una propuesta de recorrido táctil por la superficie del panel diseñada para ayudar a la interpretación de las obras de arte.
Al apoyo sostenido de Iberdrola a esta iniciativa se suma la colaboración del CRI-Centro de Recursos para la Inclusión Educativa del Alumnado con Discapacidad Visual, entidad que forma parte de los servicios de apoyo para la diversidad e inclusión del Departamento de Educación del Gobierno Vasco y asesora al Departamento de Educación del museo en los aspectos prácticos del programa.
Luis Meléndez (Nápoles, Italia, 1716-Madrid, 1780), Bodegón con plato de cerezas, albaricoques y jarro, c. 1773
Este bodegón es un ejemplar muy significativo de la obra de Luis Meléndez, uno de los maestros de la pintura de naturaleza muerta, no solo de España sino de toda Europa en su siglo.
Meléndez era hijo de un pintor de miniaturas establecido en Nápoles comprometido en los intentos de crear una Academia de Bellas Artes en Madrid. Su soberbia le indispuso con sus colegas y su hijo sufrió las consecuencias, siendo expulsado de la Academia en 1748. En años anteriores, Luis estuvo bajo la protección de Louis-Michel van Loo, el pintor francés llamado a la corte de Felipe V, pero el incidente le obligó a pasar a Italia y completó su formación en Roma y Nápoles. A su regreso a España en 1753, y tras su trabajo como pintor de miniaturas en los libros corales de palacio, intentó conseguir un puesto de pintor de cámara de Carlos III, sin que sus memoriales encontraran respuesta. Esto le forzó a cultivar la pintura de bodegones, género de fácil venta, donde alcanzó un virtuosismo sin igual.
Los bodegones de Meléndez, como este, son de composición sencilla y representan objetos cotidianos, por lo general, con una monumentalidad y un rigor que contrastan con su vulgaridad. Tiene obsesión por el pormenor significativo, y por la diversa textura de las cosas: frutas, cacharros, pan, hortalizas, etcétera, con los que compone infinitas variaciones. Se conservan bodegones suyos fechados desde 1750 hasta 1778. En este destaca la calidad de la jarra de Talavera con su brillo, en contraste con la superficie aterciopelada de los melocotones, la tersura de las cerezas y la textura pulverulenta y flácida de las hojas.